La Espana de la Izquierda hoy, empezó con Bernarda Alba y continúa con del Toro

La Guerra Civil Española fue un hecho que marcó un antes y un después en la historia de ese país. Los muchos sucesos que afectaron a la sociedad ibera durante los tumultuosos años ’30, impactaron en su población de forma dramática. Precisamente drama es la palabra clave para analizar este evento histórico. Desde la perspectiva historicista, pero sin dejar de mirar el hecho con ojos de artista, se hace menester un análisis, partiendo desde dos importantes obras: “La Casa de Bernarda Alba”, del genio gitano, Federico García Lorca y el “Laberinto del Fauno”, del cinematógrafo azteca, Guillermo del Toro. La primera, escrita para el teatro, tiempo antes del desencadenamiento de la Guerra; la segunda, puesta en escena ya unos cuantos años después del fin de la Guerra. En ambos sentidos, tenemos una España, que ya no fue ni será lo mismo, tras ese fratricida conflicto bélico.
Federico apuesta por una descripción de la sociedad, enfocada en el micro mundo de la casa de Bernarda. La particular familia, donde no había hombres, representaba los distintos estamentos sociales de la España durante la tercera década del pasado siglo XX. Tenemos a la propia Bernarda Alba, regia y conservadora como la monarquía, que por tal de mantener ese estatus, fue capaz de entregar el poder al fascista Franco y sus hordas falangistas. Por otro lado tenemos a la Poncia y la criada, ambas pobres, sometidas, pero incapaces de hacer algo por cambiar su situación. En el fondo, con sumo dolor lo admito, sucede que a veces en las distintas sociedades, encontramos que los más humillados y excluidos, son los peores cómplices del sistema que los hunde en la miseria.
Por otro lado están las hijas de Bernarda. En ellas está el futuro de España, micro visualmente, de la Casa. Pero como en todo, falta siempre un salto de valor y no todas están dispuestas a darlo, sino la rebelde Adela. Es en este instante, cuando enferma de amor por Pepe Romano, el único personaje masculino, de la obra, pero que el autor mantiene en un total silencio, llega para poner todo patas arriba y llamar a Adela, e incluso a la propia Poncia, a la rebelión en contra del régimen opresor. El fin, triste, recuerda que cualquier proceso social, requiere de mártires y sacrificios, saltando siempre la pregunta, ¿habrá sido en vano?
Por su parte Guillermo del Toro, ya no se fija en una descripción tan completa como Lorca, sino que dibuja un conflicto en torno a la imaginación prolija de una niña, Ofelia, quien sueña con ser Princesa en un mundo de hadas y surrealista. Por cosas que no quedan claras en la obra, Ofelia será hermana de un niño que aún no ha nacido, pero que tendrá por padre, a un malvado oficial falangista, el capitán Vidal, cuyas manos no tiemblan para matar en nombre de Franco. Suceden conflictos, donde se mezclan la realidad, bien cruda y fatalista, con una fantasía de exigencias, en aras de recibir el don debido: el regreso de Ofelia a su fascinante mundo, donde ella es la Princesa perdida, que rueda por la tierra, llena de horror.
Hay un detalle que a mi juicio, se diferencia un tanto la obra de del Toro con la de Lorca. Ambos autores son considerados de tendencias izquierdistas, si bien es cierto que todo intelectual es de la izquierda romántica y esperanzadora. Sin embargo, en el caso de Lorca, este no hace una distinción ideológica de ninguno de sus personajes. Aun cuando Lorca fue comunista, no se atreve a minimizar el papel de otras facciones políticas que pelearon contra Franco. Sin embargo, del Toro sí comete este imperdonable error. Los franquistas llamaban a los guerrilleros como “los rojos”, o sea de afiliación comunista. Una pobre percepción de un problema tan grande. Los comunistas de por sí no habrían significado un problema para Franco, por lo pocos que eran en ese entonces en España. Pero al final, los mismos comunistas que ostentaban el poder en la Rusia soviética del Stalin, cometían los mismos o peores crímenes, como los del falangismo.
Al final, aun cuando la muerte borra la presencia del personaje principal y la crudeza de una realidad parece que es inalterable, surge lo insólito: la esperanza renace, o mejor dicho, no muere. Ofelia llega a su mundo, con su sangre martirizada, responde la pregunta que dejaba intacta Federico, tras el sacrificio de Amalia. Sí, siempre valdrá la pena luchar por un ideal. Entonces, el hermanito de Ofelia, significa ese futuro maravilloso de la España actual, donde confluyen los intereses de los distintos estamentos sociales, donde existen las garantías para que tanto socialistas, como conservadores elijan a sus representantes políticos.
No obstante todo lo anterior, España es lo que es, tras formarse antes, durante y después de la Guerra Civil. Fue un periodo histórico difícil y lleno de vicisitudes que los iberos supieron afrontar. Guerra, necesidades básicas y penurias espirituales dejaron las secuelas en una sociedad que vivió la peor de las tragedias. De este modo, aun cuando lo más negro del ser humano fue sacado a la luz de la historia, por medio de la mano del falangismo, el arte se hizo eco de este suceso, con estas dos colosales obras artísticas. La sociedad española de hoy busca en otros laberintos, sin faunos surreales, sino líderes humanos, que harán de esa casa grande, una nación próspera.
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