Vandalizando el vandalismo: de cómo en Venezuela, se van a deshacer, de los que comenzaron a deshacer a Venezuela.

El Diccionario de la Real Academia Española, define al sustantivo vandalismo como “un espíritu de destrucción que no respeta, cosa alguna, sagrada o profana”. Entiéndase de esa actitud malintencionada y cargada de ignorancia, odio y rencor, que pasa por encima de cualquier elemento, objetivo o subjetivo. Una acción además marcada por una clara vehemencia de destruir. De acuerdo a José Martí, nuestro Apóstol de la Libertad, los hombres se clasifican en dos bandos, unos que aman y construyen, mientras que los otros, se disponen a destruir, motivados por la fuerza ciega de sus odios.

El origen mismo de la palabra, nos lleva a siniestras verdades. La antigua ciudad de Roma, había sido la cuna de un poderío cultural y económico, que la convirtió en un poderoso imperio, capaz de controlar el Mar Mediterráneo por espacio de casi mil años. A partir del año 410 d. C., Roma dejó de ser lo que fue. Convirtiéndose en un estado débil, vulgarizado y barbarizado, incapaz de defenderse de los ataques de ciertos pueblos incivilizados que pugnaban por destruir lo más bello y civilizado del Mundo Antiguo. Uno de esos pueblos eran los vándalos. En el año 455 d. C., dirigidos por su rey Genserico tomaron la ciudad de Roma y la sometieron a un brutal saqueo que duro 14 días. Se dice que la sangre corrió a torrentes, mientras que los vándalos, no conformes con el daño hecho a la infeliz ciudad, se dedicaron incluso a destruir las hermosas obras de arte. Su marcado interés era humillar a todo un pueblo, y lo peor no dejar constancia de su anterior grandeza para la posteridad.

Pero si en algo fallaron los vándalos fue en liquidar a Roma. La grandeza de una civilización puede sentirse frustrada por una derrota, pero como grandeza, siempre resurgirá cual ave Fénix. Roma seguirá siendo la Ciudad Eterna, mientras que de los vándalos solo nos queda un triste recuerdo y vocablo despreciable dentro de la lengua castellana. Sin embargo, el daño del oprobio y la desidia crean, siempre será duro de reparar. Desde hace 18 años, Venezuela vive el azote de un brutal saqueo llevado a cabo por bárbaros sin prestigio. Su líder inicial, Hugo Chávez, se le presento al mundo como el Mesías esperado que salvaría a los más necesitados, sin necesidad de sacrificar al resto de la sociedad. En eso se ha basado el discurso triunfalista de esa prole de orangutanes que siempre hacen, lo que nunca dijeron. Pero los más empobrecidos, y no digo del bolsillo, sino del alma, son presa fácil para dejarse cautivar por esta majada de bribones, que dicen militar en la llamada izquierda revolucionaria. Chávez y luego su sucesor Maduro, han sabido mover muy bien sus fichas. Su apoyo viene desde lo más bajo del sentir venezolano. Para colmo, no solo les ha bastado reclutar a los exponentes de la peor calaña en la Patria del Libertad, sino que incluso lo han importado desde Cuba, el Medio Oriente, Ecuador y de donde sea. Simplemente los vándalos llegaron a Venezuela.

La vandalización comenzó como un proceso lento e intelectualmente vulgar. Destruir lo anterior, porque se construiría algo que sería mucho mejor. Así empezaron por desbaratar las bases fundamentales de toda sociedad que son la moral y las tradiciones. La intelectualidad vulgarizada, aquella que mezcla palabras obscenas con rimas poéticas, fue dando paso incluso a una defenestrada inmoralidad que fue sumiendo a Venezuela en un caos moral. La corrupción comenzó a jugar dominó con la pobreza, la inmoralidad y la ignorancia, y en ese juego sórdido el único derrotado ha sido el propio pueblo venezolano. E incluso, ni el mismo Chávez, escapo de ser víctima de morir envenenado de su propio odio.

Por eso a raíz de las protestas de los más jóvenes, de los que aman una sociedad forjada con la grandeza de los próceres libertadores del siglo XIX, se han suscitado ciertos casos de agresión al ornato público. El más significativo ocurrió el cinco de mayo de este año, cuando un grupo de ciudadanos destruyo y quemo una estatua del propio Chávez, en Zulia. La intelectualidad y algunos no tan intelectuales han criticado el hecho e incluso han llamado vándalos a los opositores al des-gobierno. Y en cierto modo puede ser cierto que las protestas opositoras se han basado en vandalizar y destruir. Pero este es un vandalismo de nuevo tipo. Este es el vandalismo que pretende deshacerse de aquellos que vandalizaron e intentaron deshacerse de Venezuela. Este es el vandalismo que busca liberar a la amada Patria de las hordas de orangutanes que no se doblan ante el decoro, sino que en actitud de franca arrogancia, usan de la fuerza bárbara para matar, destruir y dejarnos constancia a todos, cuanto odian la grandeza de otros. Me atrevo a decir que Venezuela va a desgarrarse en lágrimas de dolor por la pérdida de muchos hijos. Pero me atrevo a decir que, aunque hoy algunos se empeñan en querer reducir a cenizas la grandeza de toda una nación, la hazaña de todo un pueblo impedirá que como decía Martí los hombres que van en bando de la destrucción y los odios más infames, no podrán avanzar mucho, porque hay brazos decididos a construir una mejor Venezuela ¡Adelante pueblo de Bolívar, Sucre, Santander, Ribas, adelante que la libertad te espera!

José Martí y su Anticipación a la Muerte: una Mirada a su Vida Sacrificial, por medio del Epistolario Martiano en sus Últimos Días

Como cada mayo 19, los cubanos alrededor del mundo tenemos impuesta la clara necesidad de acercar nuestro intelecto hacia uno de los hechos más trágicos en la historia Patria: la caída en combate en Dos Ríos, del Apóstol José Julián Martí y Pérez. Calificamos de trágico dicho evento, no solo en el orden individual, sino porque significó un durísimo golpe político para la naciente Revolución de 1895. Años después, cuando Cuba se estrenaría como nación independiente, con personalidad jurídica internacional, la ausencia de Martí, como hombre de amplios horizontes políticos, se hizo notar.

Sin embargo, es algo curioso el cómo llega Martí a Dos Ríos. El lugar antes mencionado, punto minúsculo de la geografía oriental, devendría en fatal Gólgota para el Apóstol. No obstante, es oportuno mencionar que la escena final de su vida no ocurrió como un episodio fortuito, fruto de un desenlace inesperado. Sino más bien, el camino andado previamente, significaba una anticipación de la muerte misma. En las propias palabras de Martí vemos como en los primeros meses de 1895, la posibilidad de no regresar con vida, era asumida en un tono vehemente por el propio Apóstol.

Es conocido que Martí fue condenado a prisión cuando apenas contaba los 16 años. En 1869 había estallado el Grito de la Damajagua y aun cuando España demoró en reaccionar, al final se dispuso a ensangrentar el suelo cubano. Aquel periodo terrible de represiones, que comenzaría en 1869, tendría en Martí a una de sus víctimas. El muchacho delgado, en su época aun de desarrollo físico y mental tuvo que sufrir los horrores del presidio, siendo llevado casi a la muerte. El mismo Martí bautizó las terribles Canteras de San Lázaro, como “cementerio de sombras vivas” (Marti, 1871).

Después de este calvario que casi pone fin de manera prematura a sus días, Martí vivió aquejado de diversas dolencias físicas. Sin dudas la más penosa y lastimosa de todas fue la huella indeleble del grillete que afectaría su región inguinal y genital. Martí fue tres veces operado en un lapsus de cuatro años. Sin embargo, el drama no termina allí. Se puede afirmar y existe constancia documental de una serie de afecciones en el corazón, los pulmones, el hígado, el estómago, que le producían mareos, desmayos, terribles dolores y fiebre de manera constante (Lopez del Amo, 2011).

Para colmo de los males, una salud resquebrajada, en una época en donde la medicina no estaba a la altura de poder competir contra gérmenes aun desconocidos por la ciencia, no era la única de las cuestiones que afectaban a Martí. Una vida errante, descuidada, que apenas daba muestras de equipararse con la del clásico hombre de familias, llevaba el designio de un final fatal. De su matrimonio con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, nacería el único hijo de Martí, llamado José Francisco, el que apenas es conocido de su padre. Después de 1881, en cuando ocurre el segundo destierro de Martí, su matrimonio se hace añicos, y la separación de los que amaba se hizo inevitable.

Así encadenado a su pasión de libertar a Cuba, el Apóstol comenzó a andar por su Vía Crucis, con rumbo a la Gólgota. Para 1894, a solo meses de comenzar la gesta de 1895, Martí había recorrido casi toda América Latina, los EE UU y Europa. Había gastado cuanta energía le quedaba para alentar la llama de la Revolución. Había sufrido reveses, desengaños y hasta intentos de asesinatos. En este último caso, curiosamente Martí se encontraba en Tampa, en los últimos meses del año 1892. Su labor revolucionaria se había hecho demasiado molesta para los españoles al punto de que dos sicarios de origen cubano fueron contratados para poner fin a la vida del Apóstol, el 16 de diciembre de ese año. La muerte se produciría por envenenamiento, poniéndose acido en una botella de vino, ofrecida a Martí. La misericordia de Dios, materializada en las manos amorosas del Dr. Barbarrosa y del matrimonio de Paulina y Ruperto Pedroso, en cuya casa ocurrió el intento de asesinato, impidieron que este bárbaro acto se materializara (Juventud Rebelde, 2007).

Así llega Martí a los primeros días del año 1895, con un cuerpo debilitado por las laceraciones físicas, un alma castigada por la separación familiar, pero un espíritu indomable que no cabía dentro de su corazón. La guerra está casi lista, y entre detalles y detalles, el Apóstol no pierde tiempo. Después de febrero 24, comienza una rica obra epistolar que para algunos lucen como intentos de dejar un testamento. Por ejemplo, en marzo 25 de 1895, Martí tiene una meteórica noche donde redactó sendos mensajes, empezando por el prominente Manifiesto de Montecristi, dejando espacio en la noche para escribirle a personas importantes en su vida, con un tono de despedida.

La primera de las misivas va dirigida a su madre, Doña Leonor Pérez. La última vez que se vieron fue en 1887, por lo cual Martí comienza declarando “Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd.” (Fernandez, 2015). Nótese en todo momento el intento de dejar claro para la posteridad que Martí tenía presente a la autora de sus días aun en los momentos más arduos y difíciles. Pero además de eso, declara Martí que se encuentra en “vísperas de un largo viaje”. La distancia entre Montecristi y las costas orientales de Cuba no es tan larga como para enfatizar la magnitud de la trayectoria. ¿Se trataría acaso de una manera de decirle a su madre que no volvería jamás, puesto que su viaje lo llevaba a lo desconocido?

Sin perder un ápice de tiempo, escribe el Apóstol otras dos cartas ese día. Una de ellas es dirigida a María Mantilla, su amada hija espiritual. La carta comienza diciendo: “Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo” (Fernandez, 2015). Nuevamente la idea del largo viaje, pareciéndose a un camino que lo separaría de los suyos. Se hace énfasis en la palabra “pronto”, o sea el asunto era inminente, o, mejor dicho, podía suceder en cualquier momento. Aquí Martí, quizás animado por enviarle esta carta a alguien más joven y por ende menos propenso a sufrir con la pre noticia del futuro martirio, da unos detalles más, dejando por lo claro, que sería la última carta, al menos por un determinado tiempo. Ya no se trata solo de una separación en la distancia, sino también en la dimensión del tiempo.

Por último, ese mismo día escribe otra carta a su amigo el patriota dominicano Federico Henríquez y Carvajal. Expresando, las que quizás puedan ser las palabras de su vaticinio final, afirmó: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre” (Fernandez, 2015). En su convicción patriótica, el anhelo del descanso no era posible mientras estuviese vivo. No había lugar para el relajamiento o el discurso positivista, sino para una idea de sacrificio continuo y sin cuartel. Más adelante deja claro cuáles son sus inclinaciones futuras: “Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora” (Fernandez, 2015).

La gran pregunta que se debió haber hecho Henríquez Carvajal, sería la misma que nos hacemos en la actualidad. ¿Es hora para qué? ¿Acaso para morir? De ser así, podemos afirmar que ya para marzo 25 de 1895, Martí caminaba por la ciertísima claridad de que sus días terrenales estaban contados. Pero aún no dispuesto a que toda su obra literaria corriera una suerte similar a la suya, procuró con suma diligencia cuidar de las mismas. Martí comprendía la importancia de su legado histórico y la riqueza de su creación artística y por tales motivos no estaba dispuesto a que las mismas se perdieran, así que encargaría a hombres de probada fidelidad y amor a las mismas cosas que amaba Martí, el cuidado de su legado patriótico literario. No en vano escogería a los jóvenes patriotas Gonzalo de Quesada y Aróstegui y a Benjamín Guerra para ser los custodios de la compilación de la magna obra martiana.

A ambos les escribe en abril 1ro, de 1895, estando aun en Montecristi. Es de destacar que tanto Quesada como Guerra estaban trabajando en la dirección del Partido Revolucionario Cubano, como secretario y tesorero respectivamente (Ecured, 2017). De forma minuciosa, Martí les encarga como debe ser la organización de la documentación. Les da instrucciones precisas de cómo ordenar los tomos, de acuerdo a las temáticas. Así que los tomos I y II serían obras norteamericanas; el tomo III Hispanoamericanas; el tomo IV Escenas Norteamericanas; el V Libros de las Américas y el VI para Letras, Educación y Pintura (Marti B, 1895). No podía permitirse el Apóstol dejar sin buen cuidado este maravilloso testamento cultural.

Pero ese mismo día, el Apóstol guardó un poco de tiempo para escribir otra carta, quizás la más corta de su epistolario, dirigida a su amado hijo. José Francisco Zayas Bazán. El joven había tenido un muy corto contacto con su padre, por lo cual la relación paterno filial entre ambos se había mantenido en la distancia. Para José Martí su hijo vino a significar una fuente de inspiración para escribir su colosal obra poética: “El Ismaelillo”. Al mismo tiempo el poemario servía para unirse espiritualmente a su unigénito. Al decir en el primer verso “Hijo: Espantado de todo me refugio en ti” (Marti C, 1882), demostraba que pensando en su hijo encontraba reposo su alma, de tanta turbulencia política.

Al pasar los años y hacerse más grande la distancia entre ambos, el amor de Martí por José Francisco creció, siendo víctima también del temor de quedar en el olvido para quien fuera una vez su pequeño Ismael. Por tal motivo, los temores de no volverle a ver nunca más helaban su corazón y por eso le increpa en la carta, de la siguiente manera “salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado” (Marti D, 1895). Nótese que, a diferencia de otros receptores de sus misivas, en este caso, Martí deseaba más que nunca la presencia y compañía de su amado hijo.

En un giro dramático, y ante la inminente adversidad, que sellaba los destinos de ambos, ya condenados a la separación definitiva, solo el Apóstol atina a declarar: “Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adios. Sé justo” (Marti D, 1895). En otras palabras, Martí no temía a la muerte, sino a que esta le sorprendiera tan lejos de su caballero. Es una despedida que lleva tintes de ser para siempre. Es simplemente el testamento familiar más compacto. El Hombre de la Edad de Oro, de los Versos Sencillos, el mismo que fundaría el Partido Revolucionario Cubano y que tantos recursos había administrado no tiene nada que dejarle a su heredero, sino una simple leontina. Pero en la simpleza de este acto, Martí estaba diciéndole a su hijo: todo lo que tengo te pertenece.

No sabríamos cual fue el efecto de Martí después de haber enviado esta pequeñísima misiva. Quizás esperaba levantar en su hijo la misma pasión que brotaba por sus poros de ver una Cuba libre. Quizás temía que su único heredero hubiese abrazado el mismo espíritu autonomista y conformista que una vez abrazara su abuelo materno. En el peor de los casos, quizás temiera que José Francisco tomara el lado del enemigo, luchando en contra de los suyos. Por su parte, José Francisco, una vez enterado de la muerte de su padre, le envía una carta al buen amigo Gonzalo de Quesada, donde le deja claro: “Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado” (Atienzar, 2013). Y, de hecho, cumpliría con el requerimiento de su padre, al enrolarse en la Guerra del ’95 y pelear por la libertad de su Patria.

Una vez cumplidos todos los compromisos testamentarios, por medio de una pletórica actividad epistolar, José Martí se embarca hacia Cuba, llegando a la Isla el 11 de abril de 1895, por un minúsculo punto en la geografía oriental, las Playitas de Cajobabo (Ciudad de Guantanamo, 2017). Desde allí comienza el periplo por las serranías orientales hasta que llega al campamento de Dos Ríos, donde el 18 de mayo de 1895, escribe su carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado. De manera sencilla, pero con palabras enrojecidas al fuego, Martí explica que se encuentra casi gozoso al “estar todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber” (Lopez, 2017).

La carta a Manuel Mercado es un documento excepcional sin dudas. Muchas horas de estudios requerirían poder comprender el alcance extraordinario de los análisis del Apóstol que no está dispuesto que se desvanezcan con su adiós definitivo. En primer lugar, señala el peligro de una intervención constante de los EE UU en los asuntos latinoamericanos. Una voz señalaba el futuro del subcontinente, al decir Martí que su obra trataba “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América” (Marti J. , 1895). Sin duda una gran visión que a mi juicio ha sido muy malinterpretada.

Martí no intenta dejar constancia de su rechazo a los EE UU como nación en ascenso. El había salido de ese país y se había beneficiado muchísimo de las ventajas que como nación en franco proceso de industrialización comenzaba a fecundar. En ningún momento habla de la necesidad de minimizar o detener a los EE UU, sino más bien que las tierras americanas no siguieran el derrotero hasta convertirse en una zona de influencia norteamericana. Cuba, después de lograda su independencia, establecería un gobierno que a juicio de Martí debía respetar las reglas básicas de civismo y desarrollo. Lo cual, a la larga, serviría como ejemplo para el resto de los países latinoamericanos que ya desde esas fechas se desangraban en medio de guerras civiles, guerras entre las mismas naciones, golpes de estados, latifundio, entre otros males que las convertían en presas para el neocoloniaje de los EE UU, pero en realidad de cualquier potencia.

Volviendo a Martí, en Dos Ríos, ya para él era casi evidente que el sacrificio estaba a punto de terminar, para que su alma buscase el reposo eterno. En el combate llevado a cabo al día siguiente, sale el hombre de la Edad de Oro, cabalgando su corcel, para encontrarse con la Muerte. Quizás en cualquier otro mortal, un encuentro así, habría significado pavor. Pero para él, el poeta de los Versos Sencillos, solo iba a ser la confirmación de caer como bueno, de cara al Sol; de morir sin Patria, pero sin amo; como hijo de un pueblo esclavo, que vive, calla y muere; como un hombre sincero, tendría la oportunidad antes de morir, de echar sus versos del alma.

Cada mayo 19 es un encuentro obligado con la dignidad, rememorar la vida de quien pusiera en tan alta estima la historia de Cuba. De aquel hombre cuya existencia no significó otra cosa que un anticipo del encuentro con lo desconocido, viviendo una vida de entrega y pasión para ello. El camino hacia lo inevitable, asumido con gran estoicismo, le hizo dejar un legado epistolar, donde en gran medida, parecía que se despedía de los suyos. Al decir en cierto modo, que desafiaba a la muerte, al negar que fuera si acaso cierta, si estando en vida, se había procedido bien a cumplir con la obra asignada por Dios para cada ser humano. Y sin lugar a dudas, nuestro José Martí, cumplió.

 

 

Referencias

 

Atienzar, E. (2013, noviembre 22). Andanzas y Pasajes del Hijo de Martí en Camagüey. Retrieved from Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/especiales/2013/11/22/andanzas-y-pasajes-del-hijo-de-marti-en-camaguey-fotos/#.WR0KDWjyvIW

Ciudad de Guantanamo. (2017). Desembarco de Martí y Gómez por Playitas de Cajobabo. Retrieved from http://www.guantanamocity.org/es/history/cajobabo-landing.html

Ecured. (2017). Partido Revolucionario Cubano. Retrieved from https://www.ecured.cu/Partido_Revolucionario_Cubano

Fernandez, N. (2015, Marzo 24). 25 de Marzo de 1895: Un Día Inolvidable en la Historia Patria. La Vanguardia, De Cuba. Retrieved from http://www.vanguardia.cu/de-cuba/3254-25-de-marzo-de-1895-un-dia-inolvidable-en-la-historia-patria

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Lopez del Amo, R. (2011, Abril). Las Enfermedades de José Martí: un Reto Vencido. Retrieved from Union Nacional de Historiadores de Cuba: http://www.historiadores.cult.cu/index.php/component/content/article/37-actualidad-en-el-mundo-de-la-historia/153-las-enfermedades-de-jose-marti-un-reto-vencido

Lopez, M. E. (2017). Diario de Campaña de José Martí: Un sueño, Hecho Voz y Poesía. Retrieved from Centro de Estudios Martianos: http://www.josemarti.cu/diario-de-campana-de-jose-marti-un-sueno-hecho-voz-y-poesia/

Marti B, J. (1895, abril 1). Carta a Gonzalo de Quesada y Arostegui. Retrieved from Damisela Literatura: http://damisela.com/literatura/pais/cuba/autores/marti/epistolario/quesada/1895_04_01.htm

Marti C, J. (1882). Ismaelillo. Retrieved from http://www.literatura.us/marti/ismael.html

Marti D, J. (1895, abril 1). A José Martí y Zayas Bazán. Retrieved from http://www.josemarti.info/documentos/carta_hijo.html

Marti, J. (1871). EL PRESIDIO POLÍTICO EN CUBA. Retrieved from Centro de Estudios Martianos: http://www.josemarti.cu/wp-content/uploads/2014/06/06-El-presidio-pol%C3%ADtico-en-Cuba.-Madrid.pdf

Marti, J. (1895, mayo 18). Carta a Manuel Mercado . Retrieved from http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/pdvedado/documemtos_imprescindibles_1.pdf

 

 

Roma Golpea con la Zurda

Desde sus orígenes en los últimos años de la década de los ’60, la teología de la liberación se convirtió en una aproximación eclesiástica a las necesidades sociales del hombre latinoamericano. La nueva corriente de pensamiento que arrastraba a una parte del clero católico en América Latina, buscaba liberar al sujeto oprimido por la maldición del pecado, materializado en la desigualdad social. Tradicionalmente los creyentes promedio en el sub continente, han sido personas de humilde condición económica y social, además de vivir sumido en la total ignorancia académica. Por tal condición y en armonía con las olas de contracciones revolucionarias en diversos países latinoamericanos, los teólogos de la liberación, se convirtieron en aliados de los distintos movimientos sociales, todos ellos de marcada tendencia anti capitalista, anti norteamericana e inspirados en la naciente Revolución Cubana. Al decir teología de la liberación, podemos afirmar que se trata de la combinación entre el pensamiento marxista latinoamericano, con una tibia presentación del mensaje restaurador del Evangelio.

Y bajo estas premisas doctrinales nació Jorge Bergoglio, ascendente personaje entre los oscuros y complicados vericuetos de los seminarios jesuitas bonaerenses. Bergoglio, no podía demostrar sus simpatías hacia el llamado movimiento liberacionista, sino más bien decidió aparentar ser un defensor de la Junta Militar que gobernó Argentina entre 1976 a 1982. Por conveniencia o por convicción, todavía hoy nos aquejan las dudas, se mantuvo del lado de la dictadura y siempre fue visto como un elemento oportunista por sus adversarios izquierdistas. Sin embargo, Bergoglio para nada tuvo problemas con eso, sino más bien todo lo contrario. Después de la caída del gobierno militar, Bergoglio tuvo una carrera eclesiástica meteórica. Preocupado con el ascenso de las iglesias evangélicas en Argentina, abandonó a los jesuitas para convertirse en obispo de Buenos Aires. El mismo reconocería que una de las razones por las cuales la Iglesia evangélica crecía, mientras el catolicismo decrecía, era porque los primeros estaban más del lado de los más necesitados. Nuevamente la conveniencia le hizo enfilar los cañones de sus predicas en contra de los gobernantes argentinos, elegidos democráticamente, pero de afiliación estatista e izquierdista. La política argentina post dictadura estuvo permeada de corrupción administrativa y mal uso de los recursos públicos. Así llego a cardenal y con ello a Roma, y en un abrir y cerrar de ojos, a convertirse en Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana, y sentarse de paso, en el Trono que, según los católicos, pertenece al Apóstol Pedro. Como llegó allí, es para todos, un misterio, como cualquier asunto que se debata en el conclave del Colegio Cardenalicio. Apodado Francisco, comenzó a reinar como Príncipe de la iglesia y Santo Padre de la Cristiandad. Ya sentado en el poder, pues a sacar de debajo de la manga su perspectiva de la teología de la liberación, la cual supo esconder muchísimo, por varios años. Sus posiciones anti capitalistas, a lo que él llama parte del problema de la explotación y la marginalización, le ha valido la total aceptación de los principales líderes de la izquierda marxista, no importa si estos son ateos convencidos, el Papa Francisco para ellos es un “hombre comprometido”. Sobre todo, después de haber recibido una réplica de la crucifixión del Señor, de manos del socialista presidente de Bolivia Evo Morales. Esta réplica se burlaba de la Cruz, haciéndola igual al endemoniado símbolo de la hoz y el martillo. Luego vino su coqueteo con el régimen de Raúl Castro, negando que durante su visita a Cuba, haya visto algún tipo de represión.A esto le sumamos sus discursos globalistas, anti Trump, anti capitalista, pro musulmán y revisionista de la Historia, lo situaron entre los máximos exponentes del Nuevo Orden Mundial, algo que con el debido respeto, lo hacen más anticristiano que el propio emperador romano Nerón. Su última diatriba la ha lanzado en contra de la oposición venezolana que justamente se enfrenta al des gobierno de Maduro y sus orangutanes. Francisco, alias el Papa, pone la carga de la responsabilidad sobre los hombros de la oposición en el conflicto venezolano. Es algo ya manifiesto en la izquierda, culpar a otros y taparse mutuamente. Sin darse cuenta la Curia romana ha sido poseída por fuerzas completamente ajenas al Evangelio de Jesucristo. No puedo decir que este fenómeno afecte a la totalidad de los miembros del Colegio Cardenalicio y la Curia, pero lo cierto es que no se ha expresado alguna oposición a la cada vez más peligrosamente izquierdista, marxista y anti libertaria posición de quien una vez se hiciera llamar Jorge Bergoglio. Nada que, desde Roma, nos están golpeando con la zurda.