Trilogías: Dios, Templo y el Hombre

Si me preguntaran cuál aspecto de la personalidad de Dios resultan más cuestionable para todos, incluyendo a los creyentes, es sin duda la capacidad que posee el Creador en manifestarse en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; que a su vez forman una unidad indivisible.

El asunto resulta aun más comprometedor cuando ciertos pasajes bíblicos, que usados sin un estudio profundo, revelan una total separación entre ellos. Por ejemplo el pasaje de Hechos 2:32 al 33, que dice así: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”.

¿No se deduce cierto grado de dependencia y subordinación del Señor a su Padre celestial? Obviamente sí, y son textos como este que los movimientos sectarios, desde Arrio de Alejandría en el sIV; hasta Charles T. Russell, fundador de la secta de los Testigos de Jehová, han utilizado como base para negar la divinidad de Cristo.

Con la unidad entre ellos y el Espíritu Santo sucede otro tanto. Al decir que el Espíritu Santo se recibe del Padre, es como si éste fuese una fuerza activa, usado a voluntad exclusiva del Padre, y no propia.

Por fortuna, los que yerran en esta dirección son los menos, pues cada día hay más personas deseosas de escudriñar las Escrituras y hallar verdades absolutas, como parte de una enseñanza general de la Palabra, y no extraer versos al azar y desarrollar con ellos una limitada tesis bíblica.

Partamos de que sería imposible limitar a Dios en nuestro cerebro humano, y aunque no podamos explicar cómo Dios se manifiesta en tres personas –los seres humanos no podemos explicar lo que no hemos visto, también sabemos que para Dios no existe la palabra imposible. Así lo revela la Escritura en Lucas 1:37 “porque nada hay imposible para Dios”.

Además de eso, vemos que aun cuando los autores neo testamentarios aluden a cierta independencia entre las tres personas de Dios, constantemente los menciona formando una trilogía de poder, en la cual, la voluntad de uno sería imposible sin la ayuda del otro. El mismo pasaje de Hechos 2:32-33 que acabamos de analizar, así lo demuestra. Los tres fueron y son “colaboradores” en los planes del propio Dios trino en su conjunto

Pero también la Palabra deja constancia de esta unidad substancial en textos claves como 1ra Juan 5:7 que dice “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”

En 2da Corintios 13:14 encontramos, además un dato muy importante: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” Es como si cada uno tuviera su propia función, y como vemos la del Espíritu Santo es la de darnos comunión a unos con otros.

El creyente puede disponerse a creer en la perfecta y santa Trinidad del Señor, abriendo su corazón a la sana Enseñanza de la Palabra, entendiendo con ello que esta relación tripartita no es ni modo alguno exclusivo de Dios. Nuestro Creador, nos muestra por medio de otros ejemplos, que su trilogía guarda relación con otras trilogías.

En los días del Antiguo Testamento Dios tenía necesidad de indicarle a su pueblo Israel, un lugar donde ellos pudieran adorarle. Este es el caso del Tabernáculo de reunión, que fue el primer templo o lugar de adoración a Dios. El Tabernáculo no fue una obra que dejó el Creador al libre arbitrio de su pueblo, sino que dio instrucciones precisas acerca de cómo debía construirse, así como de los instrumentos y mobiliario interno. En los capítulos 25 al 27 y del 36 al 40, del libro de Éxodo se describen detalladamente estas instrucciones.

En el Tabernáculo encontramos otra trilogía, la cual tiene que ver con la estructura del mismo. Luego al construirse el templo por Salomón, aun cuando el nuevo edificio, superaba en dimensiones, belleza y lujos al sencillo tabernáculo, la estructura, no obstante, se mantuvo. Primero encontramos los atrios, entre los cuales sobresale el atrio de las gentes, donde en época del templo herodiano, se encontraban los extranjeros y mercaderes.

Dentro del tabernáculo y posterior templo encontramos el lugar santo, donde estaría la mayoría del mobiliario, como la mesa de los panes de la proposición y el candelero de oro. La Palabra así lo establece en Éxodo 26:35 “Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del norte.”

¿Qué estaba más allá del citado velo? Ahí estaría el lugar Santísimo, o Santo Sanctorum. El verso 33 de ese mismo capítulo 26 de Éxodos, así nos lo explica: “Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo.”

Quizás este lugar especial, sería el más sencillo sin duda en comparación con el resto de lugares similares en otros templos paganos. Apenas el arca del testimonio, dentro de la cual estaban la Ley de las Diez Tablas; la vara de Aarón y restos del alimento que Dios dio a su pueblo, el maná. Pero con eso era más que suficiente. Una vez que el tabernáculo estuviera listo, éste dejaría de ser una construcción cualquiera para ser morada de Dios; pues allí estaba la presencia del Dios vivo. Como lo deja claro el capítulo 40, verso 34: “Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.”

Siglos más tarde el templo salomónico es erigido como morada de Dios, y algo similar ocurriría: “Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová. Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová”, (1ra de Reyes 8:10-11)

La presencia de Dios estaba en ese lugar y era, para los testigos, asombroso el poder del Altísimo. Ahora bien, sin dudas si Dios tuviera un carácter unipersonal, ¿cómo pudiera reducir su presencia a este espacio a la larga limitado? La propia presentación del Todopoderoso en tres personas, permite que su Santo Espíritu morara entre su pueblo escogido, mientras Dios en su conjunto continuaba con sus labores universales. Recuérdese que el Santo Espíritu tiene la potestad de darnos comunión los unos con los otros.

Ahora bien, la manifestación terrenal del poder de Dios, quedó reducida a cenizas en el 586 AC, cuando Nabucodonosor, destruyó el templo y llevó consigo todo lo que en él había. El Dios santo, hartado del pecado de su pueblo había retirado su presencia del mismo: “Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines. Y alzando los querubines sus alas, se levantaron de la tierra delante de mis ojos; cuando ellos salieron, también las ruedas se alzaron al lado de ellos; y se pararon a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba por encima sobre ellos”, (Ezequiel 10:18-19)

Pasaron más de 600 años en los cuales, Dios no manifestó su gloria al hombre, hasta que se consumó el sacrificio en la cruz de Cristo. Entonces el amoroso Dios trino, escogería otro templo para habitar, de manera permanente: el propio hombre pecador. Toda vez que la sangre del Señor limpia al ser humano arrepentido, este comienza a vivir por la Fe en este sacrificio, llenándose de la gloria del Padre.

En pasajes como 1da Corintios 6:19-20, Pablo hace énfasis de qué éramos después de convertidos: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

Al igual que en el Tabernáculo, y en el Templo salomónico es el Santo Espíritu de Dios, la tercera persona de la Trinidad, quien mora en nosotros. También el hombre está conformado por tres elementos, a decir: cuerpo, alma y espíritu. Son ellos proporcionales a los tres niveles en los cuales, estaba distribuido el Tabernáculo.

El atrio es nuestra cuerpo de pecado, o de muerte como afirmara Pablo en Romanos 7:24. Es nuestro elemento físico y visible. Es allí donde se libra la más dura batalla espiritual. Por una parte, el deseo carnal de darle riendas sueltas al apetito pecaminoso, y del otro lado, el deseo de ser obedientes a nuestro Padre.

Jesús puede entrar en nuestros miembros carnales, como entró una vez en el atrio del templo herodiano, expulsando con azotes a nuestros enemigos espirituales que nos alejan de Dios. Este hecho es de los pocos que quedó registrado por los cuatro Evangelios, siendo mi preferido el descrito en Juan 2:15-16:

“Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”. Dios puede cubrir la malicia de tu pecado carnal, y sacarlo de en medio, de entre Él y tú.

Pero una vez dentro de ti, la obra redentora, continúa y llega al segundo nivel del hombre: su alma. Del griego psyche, el alma no es más que el conjunto de pensamientos, sentimientos, convicciones, moral, etcétera, que nos hace seres únicos y especiales. Si analizamos bien, nuestras diferencias físicas son muy pocas. Es sin dudas en el terreno subjetivo donde mayormente se aprecian las diferencias entre los seres humanos. Son estas diferencias subjetivas o mentales de cada ser humano que traen consigo la perdición del mundo.

Dios puede restaurarnos las heridas del pasado; cambiarnos las debilidades de la personalidad; hacernos personas mejoradas; cuando su amor llega como Espada aguda y hace suyo este elemento del hombre. El alma es el lugar santo del Tabernáculo, y es esa la misión de Dios, hacernos crecer en santidad, como dice la Palabra: “porque escrito está: Sed Santos porque yo soy santo”, (1ra Pedro 1:16).

Por último el Señor quiere vivir en tu corazón y cambiar tu espíritu de pecado e iniquidad en espíritu de hijo de Dios. A eso vino el Señor, a cortar el velo que cubre nuestro corazón, y pasar más allá del lugar Santísimo, para darnos una plena comunión con Él.

Cristo puede darnos la satisfacción de vivir una existencia terrenal, sin pecado que melle nuestra carne; sin el tormento de un alma desgraciada y sin la transgresión de un espíritu de subordinación al pecado y sus vicios: “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu”, (1ra Juan 4:13).

¡Qué honra y honor nos hace el Altísimo! Siendo nosotros corruptibles y perecederos, llegamos a ser el destino de su gloria pura e inmortal.

Sencillamente la condición trina de nuestro Dios y Señor, encaja en las tipologías de su gloria terrenal: primero el Templo construido a manos y luego el sujeto redimido por la sangre de Cristo.

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Vandalizando el vandalismo: de cómo en Venezuela, se van a deshacer, de los que comenzaron a deshacer a Venezuela.

El Diccionario de la Real Academia Española, define al sustantivo vandalismo como “un espíritu de destrucción que no respeta, cosa alguna, sagrada o profana”. Entiéndase de esa actitud malintencionada y cargada de ignorancia, odio y rencor, que pasa por encima de cualquier elemento, objetivo o subjetivo. Una acción además marcada por una clara vehemencia de destruir. De acuerdo a José Martí, nuestro Apóstol de la Libertad, los hombres se clasifican en dos bandos, unos que aman y construyen, mientras que los otros, se disponen a destruir, motivados por la fuerza ciega de sus odios.

El origen mismo de la palabra, nos lleva a siniestras verdades. La antigua ciudad de Roma, había sido la cuna de un poderío cultural y económico, que la convirtió en un poderoso imperio, capaz de controlar el Mar Mediterráneo por espacio de casi mil años. A partir del año 410 d. C., Roma dejó de ser lo que fue. Convirtiéndose en un estado débil, vulgarizado y barbarizado, incapaz de defenderse de los ataques de ciertos pueblos incivilizados que pugnaban por destruir lo más bello y civilizado del Mundo Antiguo. Uno de esos pueblos eran los vándalos. En el año 455 d. C., dirigidos por su rey Genserico tomaron la ciudad de Roma y la sometieron a un brutal saqueo que duro 14 días. Se dice que la sangre corrió a torrentes, mientras que los vándalos, no conformes con el daño hecho a la infeliz ciudad, se dedicaron incluso a destruir las hermosas obras de arte. Su marcado interés era humillar a todo un pueblo, y lo peor no dejar constancia de su anterior grandeza para la posteridad.

Pero si en algo fallaron los vándalos fue en liquidar a Roma. La grandeza de una civilización puede sentirse frustrada por una derrota, pero como grandeza, siempre resurgirá cual ave Fénix. Roma seguirá siendo la Ciudad Eterna, mientras que de los vándalos solo nos queda un triste recuerdo y vocablo despreciable dentro de la lengua castellana. Sin embargo, el daño del oprobio y la desidia crean, siempre será duro de reparar. Desde hace 18 años, Venezuela vive el azote de un brutal saqueo llevado a cabo por bárbaros sin prestigio. Su líder inicial, Hugo Chávez, se le presento al mundo como el Mesías esperado que salvaría a los más necesitados, sin necesidad de sacrificar al resto de la sociedad. En eso se ha basado el discurso triunfalista de esa prole de orangutanes que siempre hacen, lo que nunca dijeron. Pero los más empobrecidos, y no digo del bolsillo, sino del alma, son presa fácil para dejarse cautivar por esta majada de bribones, que dicen militar en la llamada izquierda revolucionaria. Chávez y luego su sucesor Maduro, han sabido mover muy bien sus fichas. Su apoyo viene desde lo más bajo del sentir venezolano. Para colmo, no solo les ha bastado reclutar a los exponentes de la peor calaña en la Patria del Libertad, sino que incluso lo han importado desde Cuba, el Medio Oriente, Ecuador y de donde sea. Simplemente los vándalos llegaron a Venezuela.

La vandalización comenzó como un proceso lento e intelectualmente vulgar. Destruir lo anterior, porque se construiría algo que sería mucho mejor. Así empezaron por desbaratar las bases fundamentales de toda sociedad que son la moral y las tradiciones. La intelectualidad vulgarizada, aquella que mezcla palabras obscenas con rimas poéticas, fue dando paso incluso a una defenestrada inmoralidad que fue sumiendo a Venezuela en un caos moral. La corrupción comenzó a jugar dominó con la pobreza, la inmoralidad y la ignorancia, y en ese juego sórdido el único derrotado ha sido el propio pueblo venezolano. E incluso, ni el mismo Chávez, escapo de ser víctima de morir envenenado de su propio odio.

Por eso a raíz de las protestas de los más jóvenes, de los que aman una sociedad forjada con la grandeza de los próceres libertadores del siglo XIX, se han suscitado ciertos casos de agresión al ornato público. El más significativo ocurrió el cinco de mayo de este año, cuando un grupo de ciudadanos destruyo y quemo una estatua del propio Chávez, en Zulia. La intelectualidad y algunos no tan intelectuales han criticado el hecho e incluso han llamado vándalos a los opositores al des-gobierno. Y en cierto modo puede ser cierto que las protestas opositoras se han basado en vandalizar y destruir. Pero este es un vandalismo de nuevo tipo. Este es el vandalismo que pretende deshacerse de aquellos que vandalizaron e intentaron deshacerse de Venezuela. Este es el vandalismo que busca liberar a la amada Patria de las hordas de orangutanes que no se doblan ante el decoro, sino que en actitud de franca arrogancia, usan de la fuerza bárbara para matar, destruir y dejarnos constancia a todos, cuanto odian la grandeza de otros. Me atrevo a decir que Venezuela va a desgarrarse en lágrimas de dolor por la pérdida de muchos hijos. Pero me atrevo a decir que, aunque hoy algunos se empeñan en querer reducir a cenizas la grandeza de toda una nación, la hazaña de todo un pueblo impedirá que como decía Martí los hombres que van en bando de la destrucción y los odios más infames, no podrán avanzar mucho, porque hay brazos decididos a construir una mejor Venezuela ¡Adelante pueblo de Bolívar, Sucre, Santander, Ribas, adelante que la libertad te espera!

José Martí y su Anticipación a la Muerte: una Mirada a su Vida Sacrificial, por medio del Epistolario Martiano en sus Últimos Días

Como cada mayo 19, los cubanos alrededor del mundo tenemos impuesta la clara necesidad de acercar nuestro intelecto hacia uno de los hechos más trágicos en la historia Patria: la caída en combate en Dos Ríos, del Apóstol José Julián Martí y Pérez. Calificamos de trágico dicho evento, no solo en el orden individual, sino porque significó un durísimo golpe político para la naciente Revolución de 1895. Años después, cuando Cuba se estrenaría como nación independiente, con personalidad jurídica internacional, la ausencia de Martí, como hombre de amplios horizontes políticos, se hizo notar.

Sin embargo, es algo curioso el cómo llega Martí a Dos Ríos. El lugar antes mencionado, punto minúsculo de la geografía oriental, devendría en fatal Gólgota para el Apóstol. No obstante, es oportuno mencionar que la escena final de su vida no ocurrió como un episodio fortuito, fruto de un desenlace inesperado. Sino más bien, el camino andado previamente, significaba una anticipación de la muerte misma. En las propias palabras de Martí vemos como en los primeros meses de 1895, la posibilidad de no regresar con vida, era asumida en un tono vehemente por el propio Apóstol.

Es conocido que Martí fue condenado a prisión cuando apenas contaba los 16 años. En 1869 había estallado el Grito de la Damajagua y aun cuando España demoró en reaccionar, al final se dispuso a ensangrentar el suelo cubano. Aquel periodo terrible de represiones, que comenzaría en 1869, tendría en Martí a una de sus víctimas. El muchacho delgado, en su época aun de desarrollo físico y mental tuvo que sufrir los horrores del presidio, siendo llevado casi a la muerte. El mismo Martí bautizó las terribles Canteras de San Lázaro, como “cementerio de sombras vivas” (Marti, 1871).

Después de este calvario que casi pone fin de manera prematura a sus días, Martí vivió aquejado de diversas dolencias físicas. Sin dudas la más penosa y lastimosa de todas fue la huella indeleble del grillete que afectaría su región inguinal y genital. Martí fue tres veces operado en un lapsus de cuatro años. Sin embargo, el drama no termina allí. Se puede afirmar y existe constancia documental de una serie de afecciones en el corazón, los pulmones, el hígado, el estómago, que le producían mareos, desmayos, terribles dolores y fiebre de manera constante (Lopez del Amo, 2011).

Para colmo de los males, una salud resquebrajada, en una época en donde la medicina no estaba a la altura de poder competir contra gérmenes aun desconocidos por la ciencia, no era la única de las cuestiones que afectaban a Martí. Una vida errante, descuidada, que apenas daba muestras de equipararse con la del clásico hombre de familias, llevaba el designio de un final fatal. De su matrimonio con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, nacería el único hijo de Martí, llamado José Francisco, el que apenas es conocido de su padre. Después de 1881, en cuando ocurre el segundo destierro de Martí, su matrimonio se hace añicos, y la separación de los que amaba se hizo inevitable.

Así encadenado a su pasión de libertar a Cuba, el Apóstol comenzó a andar por su Vía Crucis, con rumbo a la Gólgota. Para 1894, a solo meses de comenzar la gesta de 1895, Martí había recorrido casi toda América Latina, los EE UU y Europa. Había gastado cuanta energía le quedaba para alentar la llama de la Revolución. Había sufrido reveses, desengaños y hasta intentos de asesinatos. En este último caso, curiosamente Martí se encontraba en Tampa, en los últimos meses del año 1892. Su labor revolucionaria se había hecho demasiado molesta para los españoles al punto de que dos sicarios de origen cubano fueron contratados para poner fin a la vida del Apóstol, el 16 de diciembre de ese año. La muerte se produciría por envenenamiento, poniéndose acido en una botella de vino, ofrecida a Martí. La misericordia de Dios, materializada en las manos amorosas del Dr. Barbarrosa y del matrimonio de Paulina y Ruperto Pedroso, en cuya casa ocurrió el intento de asesinato, impidieron que este bárbaro acto se materializara (Juventud Rebelde, 2007).

Así llega Martí a los primeros días del año 1895, con un cuerpo debilitado por las laceraciones físicas, un alma castigada por la separación familiar, pero un espíritu indomable que no cabía dentro de su corazón. La guerra está casi lista, y entre detalles y detalles, el Apóstol no pierde tiempo. Después de febrero 24, comienza una rica obra epistolar que para algunos lucen como intentos de dejar un testamento. Por ejemplo, en marzo 25 de 1895, Martí tiene una meteórica noche donde redactó sendos mensajes, empezando por el prominente Manifiesto de Montecristi, dejando espacio en la noche para escribirle a personas importantes en su vida, con un tono de despedida.

La primera de las misivas va dirigida a su madre, Doña Leonor Pérez. La última vez que se vieron fue en 1887, por lo cual Martí comienza declarando “Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd.” (Fernandez, 2015). Nótese en todo momento el intento de dejar claro para la posteridad que Martí tenía presente a la autora de sus días aun en los momentos más arduos y difíciles. Pero además de eso, declara Martí que se encuentra en “vísperas de un largo viaje”. La distancia entre Montecristi y las costas orientales de Cuba no es tan larga como para enfatizar la magnitud de la trayectoria. ¿Se trataría acaso de una manera de decirle a su madre que no volvería jamás, puesto que su viaje lo llevaba a lo desconocido?

Sin perder un ápice de tiempo, escribe el Apóstol otras dos cartas ese día. Una de ellas es dirigida a María Mantilla, su amada hija espiritual. La carta comienza diciendo: “Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo” (Fernandez, 2015). Nuevamente la idea del largo viaje, pareciéndose a un camino que lo separaría de los suyos. Se hace énfasis en la palabra “pronto”, o sea el asunto era inminente, o, mejor dicho, podía suceder en cualquier momento. Aquí Martí, quizás animado por enviarle esta carta a alguien más joven y por ende menos propenso a sufrir con la pre noticia del futuro martirio, da unos detalles más, dejando por lo claro, que sería la última carta, al menos por un determinado tiempo. Ya no se trata solo de una separación en la distancia, sino también en la dimensión del tiempo.

Por último, ese mismo día escribe otra carta a su amigo el patriota dominicano Federico Henríquez y Carvajal. Expresando, las que quizás puedan ser las palabras de su vaticinio final, afirmó: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre” (Fernandez, 2015). En su convicción patriótica, el anhelo del descanso no era posible mientras estuviese vivo. No había lugar para el relajamiento o el discurso positivista, sino para una idea de sacrificio continuo y sin cuartel. Más adelante deja claro cuáles son sus inclinaciones futuras: “Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora” (Fernandez, 2015).

La gran pregunta que se debió haber hecho Henríquez Carvajal, sería la misma que nos hacemos en la actualidad. ¿Es hora para qué? ¿Acaso para morir? De ser así, podemos afirmar que ya para marzo 25 de 1895, Martí caminaba por la ciertísima claridad de que sus días terrenales estaban contados. Pero aún no dispuesto a que toda su obra literaria corriera una suerte similar a la suya, procuró con suma diligencia cuidar de las mismas. Martí comprendía la importancia de su legado histórico y la riqueza de su creación artística y por tales motivos no estaba dispuesto a que las mismas se perdieran, así que encargaría a hombres de probada fidelidad y amor a las mismas cosas que amaba Martí, el cuidado de su legado patriótico literario. No en vano escogería a los jóvenes patriotas Gonzalo de Quesada y Aróstegui y a Benjamín Guerra para ser los custodios de la compilación de la magna obra martiana.

A ambos les escribe en abril 1ro, de 1895, estando aun en Montecristi. Es de destacar que tanto Quesada como Guerra estaban trabajando en la dirección del Partido Revolucionario Cubano, como secretario y tesorero respectivamente (Ecured, 2017). De forma minuciosa, Martí les encarga como debe ser la organización de la documentación. Les da instrucciones precisas de cómo ordenar los tomos, de acuerdo a las temáticas. Así que los tomos I y II serían obras norteamericanas; el tomo III Hispanoamericanas; el tomo IV Escenas Norteamericanas; el V Libros de las Américas y el VI para Letras, Educación y Pintura (Marti B, 1895). No podía permitirse el Apóstol dejar sin buen cuidado este maravilloso testamento cultural.

Pero ese mismo día, el Apóstol guardó un poco de tiempo para escribir otra carta, quizás la más corta de su epistolario, dirigida a su amado hijo. José Francisco Zayas Bazán. El joven había tenido un muy corto contacto con su padre, por lo cual la relación paterno filial entre ambos se había mantenido en la distancia. Para José Martí su hijo vino a significar una fuente de inspiración para escribir su colosal obra poética: “El Ismaelillo”. Al mismo tiempo el poemario servía para unirse espiritualmente a su unigénito. Al decir en el primer verso “Hijo: Espantado de todo me refugio en ti” (Marti C, 1882), demostraba que pensando en su hijo encontraba reposo su alma, de tanta turbulencia política.

Al pasar los años y hacerse más grande la distancia entre ambos, el amor de Martí por José Francisco creció, siendo víctima también del temor de quedar en el olvido para quien fuera una vez su pequeño Ismael. Por tal motivo, los temores de no volverle a ver nunca más helaban su corazón y por eso le increpa en la carta, de la siguiente manera “salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado” (Marti D, 1895). Nótese que, a diferencia de otros receptores de sus misivas, en este caso, Martí deseaba más que nunca la presencia y compañía de su amado hijo.

En un giro dramático, y ante la inminente adversidad, que sellaba los destinos de ambos, ya condenados a la separación definitiva, solo el Apóstol atina a declarar: “Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adios. Sé justo” (Marti D, 1895). En otras palabras, Martí no temía a la muerte, sino a que esta le sorprendiera tan lejos de su caballero. Es una despedida que lleva tintes de ser para siempre. Es simplemente el testamento familiar más compacto. El Hombre de la Edad de Oro, de los Versos Sencillos, el mismo que fundaría el Partido Revolucionario Cubano y que tantos recursos había administrado no tiene nada que dejarle a su heredero, sino una simple leontina. Pero en la simpleza de este acto, Martí estaba diciéndole a su hijo: todo lo que tengo te pertenece.

No sabríamos cual fue el efecto de Martí después de haber enviado esta pequeñísima misiva. Quizás esperaba levantar en su hijo la misma pasión que brotaba por sus poros de ver una Cuba libre. Quizás temía que su único heredero hubiese abrazado el mismo espíritu autonomista y conformista que una vez abrazara su abuelo materno. En el peor de los casos, quizás temiera que José Francisco tomara el lado del enemigo, luchando en contra de los suyos. Por su parte, José Francisco, una vez enterado de la muerte de su padre, le envía una carta al buen amigo Gonzalo de Quesada, donde le deja claro: “Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado” (Atienzar, 2013). Y, de hecho, cumpliría con el requerimiento de su padre, al enrolarse en la Guerra del ’95 y pelear por la libertad de su Patria.

Una vez cumplidos todos los compromisos testamentarios, por medio de una pletórica actividad epistolar, José Martí se embarca hacia Cuba, llegando a la Isla el 11 de abril de 1895, por un minúsculo punto en la geografía oriental, las Playitas de Cajobabo (Ciudad de Guantanamo, 2017). Desde allí comienza el periplo por las serranías orientales hasta que llega al campamento de Dos Ríos, donde el 18 de mayo de 1895, escribe su carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado. De manera sencilla, pero con palabras enrojecidas al fuego, Martí explica que se encuentra casi gozoso al “estar todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber” (Lopez, 2017).

La carta a Manuel Mercado es un documento excepcional sin dudas. Muchas horas de estudios requerirían poder comprender el alcance extraordinario de los análisis del Apóstol que no está dispuesto que se desvanezcan con su adiós definitivo. En primer lugar, señala el peligro de una intervención constante de los EE UU en los asuntos latinoamericanos. Una voz señalaba el futuro del subcontinente, al decir Martí que su obra trataba “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América” (Marti J. , 1895). Sin duda una gran visión que a mi juicio ha sido muy malinterpretada.

Martí no intenta dejar constancia de su rechazo a los EE UU como nación en ascenso. El había salido de ese país y se había beneficiado muchísimo de las ventajas que como nación en franco proceso de industrialización comenzaba a fecundar. En ningún momento habla de la necesidad de minimizar o detener a los EE UU, sino más bien que las tierras americanas no siguieran el derrotero hasta convertirse en una zona de influencia norteamericana. Cuba, después de lograda su independencia, establecería un gobierno que a juicio de Martí debía respetar las reglas básicas de civismo y desarrollo. Lo cual, a la larga, serviría como ejemplo para el resto de los países latinoamericanos que ya desde esas fechas se desangraban en medio de guerras civiles, guerras entre las mismas naciones, golpes de estados, latifundio, entre otros males que las convertían en presas para el neocoloniaje de los EE UU, pero en realidad de cualquier potencia.

Volviendo a Martí, en Dos Ríos, ya para él era casi evidente que el sacrificio estaba a punto de terminar, para que su alma buscase el reposo eterno. En el combate llevado a cabo al día siguiente, sale el hombre de la Edad de Oro, cabalgando su corcel, para encontrarse con la Muerte. Quizás en cualquier otro mortal, un encuentro así, habría significado pavor. Pero para él, el poeta de los Versos Sencillos, solo iba a ser la confirmación de caer como bueno, de cara al Sol; de morir sin Patria, pero sin amo; como hijo de un pueblo esclavo, que vive, calla y muere; como un hombre sincero, tendría la oportunidad antes de morir, de echar sus versos del alma.

Cada mayo 19 es un encuentro obligado con la dignidad, rememorar la vida de quien pusiera en tan alta estima la historia de Cuba. De aquel hombre cuya existencia no significó otra cosa que un anticipo del encuentro con lo desconocido, viviendo una vida de entrega y pasión para ello. El camino hacia lo inevitable, asumido con gran estoicismo, le hizo dejar un legado epistolar, donde en gran medida, parecía que se despedía de los suyos. Al decir en cierto modo, que desafiaba a la muerte, al negar que fuera si acaso cierta, si estando en vida, se había procedido bien a cumplir con la obra asignada por Dios para cada ser humano. Y sin lugar a dudas, nuestro José Martí, cumplió.

 

 

Referencias

 

Atienzar, E. (2013, noviembre 22). Andanzas y Pasajes del Hijo de Martí en Camagüey. Retrieved from Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/especiales/2013/11/22/andanzas-y-pasajes-del-hijo-de-marti-en-camaguey-fotos/#.WR0KDWjyvIW

Ciudad de Guantanamo. (2017). Desembarco de Martí y Gómez por Playitas de Cajobabo. Retrieved from http://www.guantanamocity.org/es/history/cajobabo-landing.html

Ecured. (2017). Partido Revolucionario Cubano. Retrieved from https://www.ecured.cu/Partido_Revolucionario_Cubano

Fernandez, N. (2015, Marzo 24). 25 de Marzo de 1895: Un Día Inolvidable en la Historia Patria. La Vanguardia, De Cuba. Retrieved from http://www.vanguardia.cu/de-cuba/3254-25-de-marzo-de-1895-un-dia-inolvidable-en-la-historia-patria

Juventud Rebelde. (2007, Mayo 19). Cómo Intentaron Envenenar a Nuestro Héroe Nacional. Juventud Rebelde, Cuba. Retrieved from http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-05-19/como-intentaron-envenenar-a-nuestro-heroe-nacional/

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Roma Golpea con la Zurda

Desde sus orígenes en los últimos años de la década de los ’60, la teología de la liberación se convirtió en una aproximación eclesiástica a las necesidades sociales del hombre latinoamericano. La nueva corriente de pensamiento que arrastraba a una parte del clero católico en América Latina, buscaba liberar al sujeto oprimido por la maldición del pecado, materializado en la desigualdad social. Tradicionalmente los creyentes promedio en el sub continente, han sido personas de humilde condición económica y social, además de vivir sumido en la total ignorancia académica. Por tal condición y en armonía con las olas de contracciones revolucionarias en diversos países latinoamericanos, los teólogos de la liberación, se convirtieron en aliados de los distintos movimientos sociales, todos ellos de marcada tendencia anti capitalista, anti norteamericana e inspirados en la naciente Revolución Cubana. Al decir teología de la liberación, podemos afirmar que se trata de la combinación entre el pensamiento marxista latinoamericano, con una tibia presentación del mensaje restaurador del Evangelio.

Y bajo estas premisas doctrinales nació Jorge Bergoglio, ascendente personaje entre los oscuros y complicados vericuetos de los seminarios jesuitas bonaerenses. Bergoglio, no podía demostrar sus simpatías hacia el llamado movimiento liberacionista, sino más bien decidió aparentar ser un defensor de la Junta Militar que gobernó Argentina entre 1976 a 1982. Por conveniencia o por convicción, todavía hoy nos aquejan las dudas, se mantuvo del lado de la dictadura y siempre fue visto como un elemento oportunista por sus adversarios izquierdistas. Sin embargo, Bergoglio para nada tuvo problemas con eso, sino más bien todo lo contrario. Después de la caída del gobierno militar, Bergoglio tuvo una carrera eclesiástica meteórica. Preocupado con el ascenso de las iglesias evangélicas en Argentina, abandonó a los jesuitas para convertirse en obispo de Buenos Aires. El mismo reconocería que una de las razones por las cuales la Iglesia evangélica crecía, mientras el catolicismo decrecía, era porque los primeros estaban más del lado de los más necesitados. Nuevamente la conveniencia le hizo enfilar los cañones de sus predicas en contra de los gobernantes argentinos, elegidos democráticamente, pero de afiliación estatista e izquierdista. La política argentina post dictadura estuvo permeada de corrupción administrativa y mal uso de los recursos públicos. Así llego a cardenal y con ello a Roma, y en un abrir y cerrar de ojos, a convertirse en Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana, y sentarse de paso, en el Trono que, según los católicos, pertenece al Apóstol Pedro. Como llegó allí, es para todos, un misterio, como cualquier asunto que se debata en el conclave del Colegio Cardenalicio. Apodado Francisco, comenzó a reinar como Príncipe de la iglesia y Santo Padre de la Cristiandad. Ya sentado en el poder, pues a sacar de debajo de la manga su perspectiva de la teología de la liberación, la cual supo esconder muchísimo, por varios años. Sus posiciones anti capitalistas, a lo que él llama parte del problema de la explotación y la marginalización, le ha valido la total aceptación de los principales líderes de la izquierda marxista, no importa si estos son ateos convencidos, el Papa Francisco para ellos es un “hombre comprometido”. Sobre todo, después de haber recibido una réplica de la crucifixión del Señor, de manos del socialista presidente de Bolivia Evo Morales. Esta réplica se burlaba de la Cruz, haciéndola igual al endemoniado símbolo de la hoz y el martillo. Luego vino su coqueteo con el régimen de Raúl Castro, negando que durante su visita a Cuba, haya visto algún tipo de represión.A esto le sumamos sus discursos globalistas, anti Trump, anti capitalista, pro musulmán y revisionista de la Historia, lo situaron entre los máximos exponentes del Nuevo Orden Mundial, algo que con el debido respeto, lo hacen más anticristiano que el propio emperador romano Nerón. Su última diatriba la ha lanzado en contra de la oposición venezolana que justamente se enfrenta al des gobierno de Maduro y sus orangutanes. Francisco, alias el Papa, pone la carga de la responsabilidad sobre los hombros de la oposición en el conflicto venezolano. Es algo ya manifiesto en la izquierda, culpar a otros y taparse mutuamente. Sin darse cuenta la Curia romana ha sido poseída por fuerzas completamente ajenas al Evangelio de Jesucristo. No puedo decir que este fenómeno afecte a la totalidad de los miembros del Colegio Cardenalicio y la Curia, pero lo cierto es que no se ha expresado alguna oposición a la cada vez más peligrosamente izquierdista, marxista y anti libertaria posición de quien una vez se hiciera llamar Jorge Bergoglio. Nada que, desde Roma, nos están golpeando con la zurda.

Donald Trump: el mejor aliado del gobierno mexicano.

El título de este articulo estoy seguro habrá captado la atención del lector por su carácter ilógico y falto de racionalidad. Recientemente el multimillonario icono del poder inmobiliario estadounidense, Donald Trump hiciera su lanzamiento para la candidatura presidencial por el Partido Republicano y con ello algo que lo ha lanzado a la fama más rampanpante: la acusación ofensiva contra los mexicanos, a los cuales tildó de traficantes de drogas, delincuentes y violadores. Sin duda la carrera política hacia la Casa Blanca a mi modesto entender terminó ese mismo día para Trump. Sus comentarios, más allá de racistas, demostraron su falta de diplomacia, ética y responsabilidad en sus palabras. Ni al más conservador de los estadounidenses se le ocurriría poner en las manos de semejante personaje los destinos de esta nación. Pero a pesar de su descargue contra los hijos de la Tierra de Juárez, Donald Trump si se ha convertido en el mejor aliado del gobierno de México. Parecerá estúpido pero es así. Desde que Enrique Peña Nieto llegara al poder en 2013, para poner fin a la guerra contra el narcotráfico que trajo a ese país más muertos en solo un año que todos los soldados norteamericanos caídos en las guerras de Iraq y Afganistán combinadas, las esperanzas habían asomado, tal cual arco iris en medio de los negros nubarrones torrenciales. Peña Nieto, más con aires de galán de telenovelas que de político, con una verborrea un tanto más inteligente que sus antecesores, buscaba sacar a esta bella nación de la crisis política que vivía. Pero en sus dos de cinco años como gobernante, México sigue siendo el mismo país, donde la violencia no cesa y los cadáveres y fosas comunes clandestinas están a la orden del día. Nada ha cambiado Peña Nieto, excepto en que ahora la impunidad es aún más abierta. En septiembre de 2014 toda la América se consternó ante la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Iguala. Niños que fueron apresados por la policía local y de ellos no se sabe aún nada. Ni siquiera sus cadáveres han podido recibir un digno trato. Sus restos mortales están por ahí, en algún lugar escondidos. Lo peor es que los 43 no es ni remotamente un caso aislado, sino solo la punta del iceberg. El problema que vive la nación azteca de institucionalidad es ya degradante y no parece que se vaya a resolver. De acuerdo a estudios divulgados por el periódico La Jornada solo en 2013, la mitad de las prisiones mexicanas estaban controladas por el hampa, con un sistema de autogobierno. Por su parte el Índice Global de Impunidad dispuso que México ocupaba el penúltimo lugar entre las 59 naciones que brindan y acumulan información acerca de este fenómeno. Considerado de este modo en un estado corrupto, donde más del 75% de los delitos quedan impunes. Sin embargo, paradójicamente, el sistema judicial es incapaz de asegurar la gobernabilidad y el respeto de la integridad y dignidad humana. Cerca de un 46% de los reclusos mexicanos están tras las rejas sin sentencia, en clara violación de los derechos humanos. Muy significativamente menos, ahora que todo se ha volcado para protestar contra las denigrantes declaraciones de Trump. Nadie comenta sobre los sucesos de Oaxaca durante las elecciones municipales. Los residentes de esta ciudad, sobre todo el gremio de los maestros mostraron su solidaridad con los estudiantes desaparecidos. Fueron actos de protesta y desobediencia civil donde se quemaron urnas y se dejó claro que una buena parte de la población no confía en el sistema aparentemente democrático del país. Los pocos ecos contrarios a la crisis institucional que vive México están acallados. La prensa mexicana solo sabe hablar de Trump. Está claro que ante los pocos resultados internaciones del Tri y el ya acabado argumento de las telenovelas mexicanas, ahora las palabras del magnate norteamericano son un bálsamo para este gobierno, que ya ahora puede manipular a las masas y unirlas en torno al odio hacia Trump, a fin de que no puedan comprender que si su gobierno fuera diferente, ningún mexicano tendría que aguantar a Trump. En palabras del Ministro de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chang, quien salió a defender la integridad mexicana, con suma justicia a mi entender, éste llama ignorante a Trump. Con esta frase se le levanta la autoestima nacionalista y la sensación de que se tiene un gobierno que no acepta afrentas de nadie, ni siquiera de un multimillonario de la nación del Norte. Sin embargo me cuesta creer, como este mismo señor, aun hoy permanece tan tranquilo, mientras las calles de cualquier ciudad en el país, están en manos de un crimen organizado que para no pocos escépticos es el verdadero dueño de la política nacional. Gracias Trump, podrá decir sin dudas Peña Nieto y su camarilla. Gracias amigo, porque a la gente se le olvidó, que es mi responsabilidad del por qué tantos desean emigrar. donaldtrump

Adolescentes y Redes Sociales: Reflexionar para no caer

El uso de las tecnologías y especialmente en las llamadas redes sociales es una conducta muy común en adolescentes y jóvenes en estos albores del siglo XXI. Este asunto, que ha puesto las manos en la cabeza a no pocos padres, parece que ha llegado para quedarse. Para algunos adultos, las redes sociales debieran incluso ser prohibida para los adolescentes, cuestión que por supuesto ha despertado un rotundo rechazo. No obstante, aun cuando podemos afirmar que se está convirtiendo en una conducta normal para estos tiempos, el deber de las instituciones sociales, especialmente de la familia, es velar porque este tipo de socialización no vaya a ser más perjudicial que positiva. Ante la problemática de que cada día son más los jovencitos y jovencitas que se adentran en el mundo de las amistades online, debe entonces proponerse un marco adecuado para controlar esta modernista actitud.
Primeramente, habría que empezar por definir que es red social o social media, como también se le llama, con cierto matiz anglicista. Aun cuando existían algunas concepciones antropológicas después de la segunda mitad del siglo XX, no si es sino hasta que aparece la internet cuando el concepto de red social adquiere un carácter más completo. De este modo algunos autores concluyeron que una red social “es un conjunto de relaciones en el cual las líneas que conectan los diferentes puntos tienen un valor concreto” (Casales , Real García, & Benito, 2011). En este caso el punto que los conecta es el acceso a la comunidad online.
La popularidad de este nuevo tipo de asociación donde no es necesario verse o tener contacto físico se ha extendido, no importando el grupo etario. Según datos oficiales de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación de España, cerca del 75% de los residentes de Europa mayores de quince años, están conectados a algún tipo de red social. De ellos casi la mitad sube periódicamente fotos o videos personales (Casales , Real García, & Benito, 2011). En este sentido cabe advertir que las personas que continuamente hacen este tipo de cosas exponen sus vidas al conocimiento de terceros. El asunto es más crítico cuando estas actitudes son asumidas por adolescentes que no poseen la suficiente madurez como para lidiar con la duda de que es lo correcto o lo que no es.
Los EE UU y especialmente nuestro estado de Florida no son excepciones a esta difusión agigantada del uso de las redes sociales. Ricardo Segura (2014), periodista de “El Nuevo Herald” expone los datos aportados por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos, donde para los adolescentes de hoy en día un signo de identidad con su grupo etario es el uso de tecnologías, muchas veces más sofisticadas que la de los padres. De igual modo, existe una determinante actitud de mantenerse socializándolo por medio de la comodidad del chat en alguna red social (Segura, 2014). No habría que ir muy lejos, solo pararnos en la salida de cualquier middle o high school de nuestras comunidades y ver cuantos muchachos y muchachas salen portando equipos electrónicos, los cuales son usados para comunicarse con otros.
Desgraciadamente este medio ha servido para la propagación de manifestaciones delictivas o antisociales que llevan a cabo algunos adolescentes. Es común encontrar en la web, videos donde un adolescente es objeto de abuso físico por compañeros de clase o incluso por adultos. En el condado Pasco, ocurrió un incidente, donde una estudiante de solo 16 años Shase Cristia, que fue golpeada por otra estudiante en el bus escolar. Mientras esto sucedía, otra joven grababa con su cámara subiéndolo al Facebook y al Youtube, donde en poco tiempo tuvo más de dos mil visitas, como si se tratara de un circo (Benavides , 2013). Lo peor del incidente es que para Cristia no solo son los golpes, sino el ultraje y la humillación de hacerse famosa por medio de las redes.
Otro punto dramáticamente interesante es el relativo al reclutamiento y difusión de delitos sexuales por medio de las redes. Un incidente de este tipo tuvo feliz final en el condado de Sumter, donde veintidós personas fueron arrestadas por intento de diferentes crímenes sexuales con menores (HolaCiudad, 2011). Las autoridades pusieron un cebo por medio de las redes sociales donde se hacían pasar por niños entre 13 y 14 años. Los depredadores, por su parte sedujeron a las supuestas víctimas, y llegaron a acuerdos para tener sexo con ellos (HolaCiudad, 2011). Aun cuando este hecho no terminó en un desenlace trágico para ningún niño, lo cierto que deja sobre evidencia el papel de cómo las redes sociales pueden servir para cometer estos despreciables tipos de delitos.
Como conclusión para este tópico, podemos decir que llegamos a la era de las redes sociales online y estas se han vuelto muy populares entre los adolescentes. Son muchos los usuarios al Facebook, Twitter, Youtube, MySpace, Yahoo, entre otras, como para que esta tendencia vaya a desaparecer pese a los muchos temores que despierten. No habrá manera de romper con esta tendencia porque es lo mismo que negarse al progreso. Pero, de igual forma, requiere una continua y perfecta verificación por parte de padres y demás elementos comunitarios. Sabemos que es un gran desafío el uso, o en este caso, el mal uso de las tecnologías en fusión de la socialización online, pero este desafío debe movernos hacia decisiones acordes con este tiempo que estamos viviendo.

La Espana de la Izquierda hoy, empezó con Bernarda Alba y continúa con del Toro

La Guerra Civil Española fue un hecho que marcó un antes y un después en la historia de ese país. Los muchos sucesos que afectaron a la sociedad ibera durante los tumultuosos años ’30, impactaron en su población de forma dramática. Precisamente drama es la palabra clave para analizar este evento histórico. Desde la perspectiva historicista, pero sin dejar de mirar el hecho con ojos de artista, se hace menester un análisis, partiendo desde dos importantes obras: “La Casa de Bernarda Alba”, del genio gitano, Federico García Lorca y el “Laberinto del Fauno”, del cinematógrafo azteca, Guillermo del Toro. La primera, escrita para el teatro, tiempo antes del desencadenamiento de la Guerra; la segunda, puesta en escena ya unos cuantos años después del fin de la Guerra. En ambos sentidos, tenemos una España, que ya no fue ni será lo mismo, tras ese fratricida conflicto bélico.
Federico apuesta por una descripción de la sociedad, enfocada en el micro mundo de la casa de Bernarda. La particular familia, donde no había hombres, representaba los distintos estamentos sociales de la España durante la tercera década del pasado siglo XX. Tenemos a la propia Bernarda Alba, regia y conservadora como la monarquía, que por tal de mantener ese estatus, fue capaz de entregar el poder al fascista Franco y sus hordas falangistas. Por otro lado tenemos a la Poncia y la criada, ambas pobres, sometidas, pero incapaces de hacer algo por cambiar su situación. En el fondo, con sumo dolor lo admito, sucede que a veces en las distintas sociedades, encontramos que los más humillados y excluidos, son los peores cómplices del sistema que los hunde en la miseria.
Por otro lado están las hijas de Bernarda. En ellas está el futuro de España, micro visualmente, de la Casa. Pero como en todo, falta siempre un salto de valor y no todas están dispuestas a darlo, sino la rebelde Adela. Es en este instante, cuando enferma de amor por Pepe Romano, el único personaje masculino, de la obra, pero que el autor mantiene en un total silencio, llega para poner todo patas arriba y llamar a Adela, e incluso a la propia Poncia, a la rebelión en contra del régimen opresor. El fin, triste, recuerda que cualquier proceso social, requiere de mártires y sacrificios, saltando siempre la pregunta, ¿habrá sido en vano?
Por su parte Guillermo del Toro, ya no se fija en una descripción tan completa como Lorca, sino que dibuja un conflicto en torno a la imaginación prolija de una niña, Ofelia, quien sueña con ser Princesa en un mundo de hadas y surrealista. Por cosas que no quedan claras en la obra, Ofelia será hermana de un niño que aún no ha nacido, pero que tendrá por padre, a un malvado oficial falangista, el capitán Vidal, cuyas manos no tiemblan para matar en nombre de Franco. Suceden conflictos, donde se mezclan la realidad, bien cruda y fatalista, con una fantasía de exigencias, en aras de recibir el don debido: el regreso de Ofelia a su fascinante mundo, donde ella es la Princesa perdida, que rueda por la tierra, llena de horror.
Hay un detalle que a mi juicio, se diferencia un tanto la obra de del Toro con la de Lorca. Ambos autores son considerados de tendencias izquierdistas, si bien es cierto que todo intelectual es de la izquierda romántica y esperanzadora. Sin embargo, en el caso de Lorca, este no hace una distinción ideológica de ninguno de sus personajes. Aun cuando Lorca fue comunista, no se atreve a minimizar el papel de otras facciones políticas que pelearon contra Franco. Sin embargo, del Toro sí comete este imperdonable error. Los franquistas llamaban a los guerrilleros como “los rojos”, o sea de afiliación comunista. Una pobre percepción de un problema tan grande. Los comunistas de por sí no habrían significado un problema para Franco, por lo pocos que eran en ese entonces en España. Pero al final, los mismos comunistas que ostentaban el poder en la Rusia soviética del Stalin, cometían los mismos o peores crímenes, como los del falangismo.
Al final, aun cuando la muerte borra la presencia del personaje principal y la crudeza de una realidad parece que es inalterable, surge lo insólito: la esperanza renace, o mejor dicho, no muere. Ofelia llega a su mundo, con su sangre martirizada, responde la pregunta que dejaba intacta Federico, tras el sacrificio de Amalia. Sí, siempre valdrá la pena luchar por un ideal. Entonces, el hermanito de Ofelia, significa ese futuro maravilloso de la España actual, donde confluyen los intereses de los distintos estamentos sociales, donde existen las garantías para que tanto socialistas, como conservadores elijan a sus representantes políticos.
No obstante todo lo anterior, España es lo que es, tras formarse antes, durante y después de la Guerra Civil. Fue un periodo histórico difícil y lleno de vicisitudes que los iberos supieron afrontar. Guerra, necesidades básicas y penurias espirituales dejaron las secuelas en una sociedad que vivió la peor de las tragedias. De este modo, aun cuando lo más negro del ser humano fue sacado a la luz de la historia, por medio de la mano del falangismo, el arte se hizo eco de este suceso, con estas dos colosales obras artísticas. La sociedad española de hoy busca en otros laberintos, sin faunos surreales, sino líderes humanos, que harán de esa casa grande, una nación próspera.
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