Roma Golpea con la Zurda

Desde sus orígenes en los últimos años de la década de los ’60, la teología de la liberación se convirtió en una aproximación eclesiástica a las necesidades sociales del hombre latinoamericano. La nueva corriente de pensamiento que arrastraba a una parte del clero católico en América Latina, buscaba liberar al sujeto oprimido por la maldición del pecado, materializado en la desigualdad social. Tradicionalmente los creyentes promedio en el sub continente, han sido personas de humilde condición económica y social, además de vivir sumido en la total ignorancia académica. Por tal condición y en armonía con las olas de contracciones revolucionarias en diversos países latinoamericanos, los teólogos de la liberación, se convirtieron en aliados de los distintos movimientos sociales, todos ellos de marcada tendencia anti capitalista, anti norteamericana e inspirados en la naciente Revolución Cubana. Al decir teología de la liberación, podemos afirmar que se trata de la combinación entre el pensamiento marxista latinoamericano, con una tibia presentación del mensaje restaurador del Evangelio.

Y bajo estas premisas doctrinales nació Jorge Bergoglio, ascendente personaje entre los oscuros y complicados vericuetos de los seminarios jesuitas bonaerenses. Bergoglio, no podía demostrar sus simpatías hacia el llamado movimiento liberacionista, sino más bien decidió aparentar ser un defensor de la Junta Militar que gobernó Argentina entre 1976 a 1982. Por conveniencia o por convicción, todavía hoy nos aquejan las dudas, se mantuvo del lado de la dictadura y siempre fue visto como un elemento oportunista por sus adversarios izquierdistas. Sin embargo, Bergoglio para nada tuvo problemas con eso, sino más bien todo lo contrario. Después de la caída del gobierno militar, Bergoglio tuvo una carrera eclesiástica meteórica. Preocupado con el ascenso de las iglesias evangélicas en Argentina, abandonó a los jesuitas para convertirse en obispo de Buenos Aires. El mismo reconocería que una de las razones por las cuales la Iglesia evangélica crecía, mientras el catolicismo decrecía, era porque los primeros estaban más del lado de los más necesitados. Nuevamente la conveniencia le hizo enfilar los cañones de sus predicas en contra de los gobernantes argentinos, elegidos democráticamente, pero de afiliación estatista e izquierdista. La política argentina post dictadura estuvo permeada de corrupción administrativa y mal uso de los recursos públicos. Así llego a cardenal y con ello a Roma, y en un abrir y cerrar de ojos, a convertirse en Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana, y sentarse de paso, en el Trono que, según los católicos, pertenece al Apóstol Pedro. Como llegó allí, es para todos, un misterio, como cualquier asunto que se debata en el conclave del Colegio Cardenalicio. Apodado Francisco, comenzó a reinar como Príncipe de la iglesia y Santo Padre de la Cristiandad. Ya sentado en el poder, pues a sacar de debajo de la manga su perspectiva de la teología de la liberación, la cual supo esconder muchísimo, por varios años. Sus posiciones anti capitalistas, a lo que él llama parte del problema de la explotación y la marginalización, le ha valido la total aceptación de los principales líderes de la izquierda marxista, no importa si estos son ateos convencidos, el Papa Francisco para ellos es un “hombre comprometido”. Sobre todo, después de haber recibido una réplica de la crucifixión del Señor, de manos del socialista presidente de Bolivia Evo Morales. Esta réplica se burlaba de la Cruz, haciéndola igual al endemoniado símbolo de la hoz y el martillo. Luego vino su coqueteo con el régimen de Raúl Castro, negando que durante su visita a Cuba, haya visto algún tipo de represión.A esto le sumamos sus discursos globalistas, anti Trump, anti capitalista, pro musulmán y revisionista de la Historia, lo situaron entre los máximos exponentes del Nuevo Orden Mundial, algo que con el debido respeto, lo hacen más anticristiano que el propio emperador romano Nerón. Su última diatriba la ha lanzado en contra de la oposición venezolana que justamente se enfrenta al des gobierno de Maduro y sus orangutanes. Francisco, alias el Papa, pone la carga de la responsabilidad sobre los hombros de la oposición en el conflicto venezolano. Es algo ya manifiesto en la izquierda, culpar a otros y taparse mutuamente. Sin darse cuenta la Curia romana ha sido poseída por fuerzas completamente ajenas al Evangelio de Jesucristo. No puedo decir que este fenómeno afecte a la totalidad de los miembros del Colegio Cardenalicio y la Curia, pero lo cierto es que no se ha expresado alguna oposición a la cada vez más peligrosamente izquierdista, marxista y anti libertaria posición de quien una vez se hiciera llamar Jorge Bergoglio. Nada que, desde Roma, nos están golpeando con la zurda.

Advertisements